Edición No. 382 | 5 DE JULIO DE 2005
 
 
 
PANORAMA
 
MEMORIAS ARGENTINAS
 
Luego de la crisis financiera que estremeció la columna vertebral del país sureño, su población se ha abocado a buscar sus cimientos en los libros 
 
MARTÍN CAPARRÓS 
PROYECT SINDICATE 
 
REFLEXIONES. Del pasado y el presente de una economía en reconstrucción.
Es raro que la lista de best sellers argentinos esté encabezada por dos volúmenes de un mismo libro. El primero es uno que se llama Los mitos de la historia argentina, tomo dos. El segundo se llama Los mitos de la historia argentina, tomo uno.

Los dos tienen, por supuesto, el mismo autor: un historiador un poco marginal, de 45 años, que se llama Felipe Pigna; el primer volumen fue publicado hace unos meses y el segundo, ahora mismo.

Y, sin embargo, lo mismo sucedió hace un año, cuando Argentinos 1 y Argentinos 2, de Jorge Lanata, ocupaban los dos primeros puestos. Jorge Lanata es uno de los periodistas más conocidos de Argentina y su libro era, también, una relectura de la historia argentina.

El público local está ávido por encontrar su propia historia.

La crisis argentina de los últimos años estuvo en las portadas de los diarios del mundo. Se hablaba de una crisis económica y social: del default y la devaluación, la desocupación y la pobreza.

Se contaba, en síntesis, cómo un país latinoamericano que pareció no serlo logrando que sus constantes vitales se acerquen a las del resto de Latinoamérica: un Estado que no garantiza salud, seguridad y educación, una concentración de la riqueza en manos de muy pocos, la diferencia creciente entre los ricos y los pobres, la exclusión de la mitad de la población de los circuitos de consumo, la caída de la clase media, la baja de la industrialización a favor de la producción de materias primas. Todo eso es cierto e innegable. Y, sin embargo, suelo pensar que lo más importante había sucedido unos años antes “y nadie lo notó”.

La Argentina fue, desde fines del siglo XIX, el país del futuro. Un país al que llegaban millones de inmigrantes que querían hacerlo su país, y que obtenían, a cambio, la esperanza de un mañana desahogado.

En lo colectivo, esa idea se manifestaba en la supuesta construcción del “gran país que todos nos merecemos”; en lo individual, en aquello de m’hijo del dotor, la convicción que tenían los inmigrantes de que sus hijos vivirían mejor que ellos.

Esa idea era central: en eso basaron los argentinos –la Argentina– su idea de sí mismos: era el eje para pensar el país y nuestra forma de vivir en él. Esa idea duró, con distintos avatares, casi un siglo: hasta principios de los años 80.

Desde entonces, ya ni siquiera los políticos en campaña se atrevieron a pronosticar futuros venturosos –y muchos padres empezaron a aceptar que sus hijos vivirían peor que ellos. La Argentina como país del futuro, tierra de la esperanza, había desaparecido.

Era la idea organizadora, y se perdió. Y ninguna otra la ha reemplazado todavía: los argentinos –la Argentina– no tenemos un eje a partir del cual pensarnos, tratar de entender e imaginar nuestro país.

Por eso la Argentina ha sido, en estos últimos años, un país sin rumbo: porque no tiene una idea de sí mismo. Esa carencia no la llevó muy lejos –o sí: más y más hondo en el desastre. No es fácil vivir sin saber quiénes somos, cómo somos.

Por eso, supongo, esta avidez reciente por el pasado nacional. A partir de la pérdida del eje, de esa búsqueda –consciente o inconsciente– de una nueva, millones de argentinos empezaron a interesarse por su historia. Estos libros mencionados la cuentan de una forma curiosa. Rechazan, para empezar, toda apariencia de formalidad académica –notas, gráficos, explicaciones muy sesudas– y se presentan como narrativas amenas, casi periodísticas, al alcance de quien quiera leerlas.

Y retoman, sobre todo, la lógica de la sospecha: tanto Pigna como Lanata presentan una historia llena de conspiraciones, mentiras, traiciones, corruptelas.

Si estos libros sirven para elaborar esa nueva idea de la Argentina, es probable que esa idea tenga que ver con la desconfianza, la sensación de que todo es un engaño, la suspicacia como forma de relación con todo el resto.

En estos días, sospecho, estamos definiendo quiénes y qué seremos en las próximas décadas. El primero que logre sintetizarlo –político, artista, intelectual– aparecerá, imagino, en los libros de historia del futuro como un verdadero fundador.

El autor es novelista y periodista argentino.

 

 
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