Edición No. 382 | 5 DE JULIO DE 2005
 
 
 
TEMA DE PORTADA
 
LA FIEBRE DE LOS ‘CLUSTERS’
 
En pocos meses se han creado 11 conglomerados. Los fondos no abundan y los empresarios empezaron la carrera para hacerse acreedores al dinero que cambiará sus compañías 
 
YOLANDA SANDOVAL 
[email protected] 
 
CAPACITACIóN. Francisco Gómez, líder del grupo de astilleros, considera que mejorar el perfil de los trabajadores panameños es imprescindible para ser competitivos.
Cuando Michael Porter, el gurú de la competitividad, visitó Panamá en 1998 dejó un mensaje que resonó por mucho tiempo en la mente colectiva del país. La idea de formar clusters para sobrevivir extra fronteras.

Pasaron siete años desde que el profesor de la escuela de negocios de Harvard y autor de más de 16 libros visitó el país y su modelo ha dejado de ser una simple idea.

En tan solo dos meses se han formado 11 de estos enclaves comerciales. Hay clusters de agroexportadores, abogados, búnker, reparadores de naves, hoteleros, agencias de carga y tecnología, entre otros. Todos motivados por los resultados en países como Italia, Japón, Chile, España e incluso Estados Unidos.

En español, el término anglosajón que ha revolucionado la economía de escala significa agruparse o asociación. ¿Pero cuál es el objetivo? Promover una mayor participación de los países en los mercados internacionales. Suena conceptual, etéreo y lejano, pero mucho ayuda al aumento de las exportaciones.

No es únicamente vender aprovechando la demanda, sino vender con calidad y a los mejores precios.

Esto, según Porter, se puede lograr cuando las compañías que están geográficamente cerca asimilan la especie de integración llamada cluster, que permite disponibilidad de consumos, complementariedad y generación de incentivos.

Pero cuidado. No es una fusión, es más bien una interconexión. Es más, el modelo que se grafica, da como resultados una serie de células que parten de un núcleo y que se van multiplicando a través de una cadena productiva y servicios de apoyo.

Todo esto pasó y sigue pasando, por ejemplo, en Italia, específicamente en el cluster del calzado, en donde las empresas localizadas en una misma zona curten el cuero, fabrican las suelas y venden toda la materia prima que se utiliza en la producción. Las ventas son millonarias, los empleos suman miles y la economía en Venetto camina con paso firme. ¿Podrá pasar lo mismo en Panamá?

Juntos pero no revueltos

La tarea no es titánica, pero tampoco sencilla. Crear un cluster representa un cambio cultural. No es agremiarse como lo han hecho las tradicionales agrupaciones. Es encontrar cosas en común y hacer diagnósticos científicos que permitan identificar cuáles son los cuellos de botella que estrangulan la competitividad del sector y montar estrategias que acaben con las barreras.

Además, las empresas que forman los clusters y el Estado deben trabajar como buenos compañeritos para desenredar los nudos que se forman en sus entrañas.

Se preguntarán, si esto no es precisamente lo que se ha venido haciendo durante décadas en Panamá. Pues no. Cada empresa ha trabajado siempre para alcanzar metas propias, mientras que en muchas ocasiones, el Estado ha asumido una actitud paternalista al financiar proyectos a sectores que no eran exitosos y cuyo futuro se esfumaba una vez se acababan los préstamos que en ocasiones ni siquiera eran cancelados.

Ahora, la cosa se pinta diferente, opinan los mismos empresarios. Quien quiera formar un cluster, como regla básica debe exportar y demostrar que es competitivo, pero que con un mejor entorno puede mejorar, mencionó Francisco Gómez, líder del cluster de reparación de naves.

Además, las compañías deben pasar un riguroso examen para hacerse acreedoras a la ayuda financiera no reembolsable que el programa Compite Panamá otorga para hacer los estudios que serán el motor científico de la estrategia.

Pero los empresarios también tienen que meterse la mano en el bolsillo. De los proyectos que realicen deberán desembolsar el 30%, mientras que Compite Panamá, a través del préstamo concedido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) debe cooperar con un 70%.

Los fondos destinados para los estudios que tengan que desarrollar los clusters solo suman cinco millones de dólares, lo que evidentemente también ha puesto en carrera a quienes han formado sus grupos para poder acceder al dinero antes de que se acabe.

El Estado se está endeudando y no solo con cinco millones de dólares. Existen otros cinco millones que serán utilizados para el financiamiento de proyectos que contribuyan a la construcción de la estrategia competitiva nacional y al fortalecimiento de los conglomerados en temas como ampliación de acceso a mercados, mejoramiento de procesos productivos y ambiente de negocio.

La apuesta representa un sacrificio que traerá riqueza y generación de empleos, sin depender del mercado local, dijo Luisa Turolla, gestora de Compite Panamá.

Ella cree fielmente en los objetivos y en la misión del proyecto. “Panamá no está experimentando. Está siguiendo patrones que han sido exitosos en otros países, pero aplicándolos con un sello propio”, dijo la economista.

En el proceso de selección, de los 40 puntos evaluados, el cluster debe obtener resultados satisfactorios por lo menos en 20, para garantizar que tendrá vida propia, una vez los técnicos hagan los diagnósticos.

Con este planteamiento coincide Manuel Fernández, líder del cluster de exportación de frutas y vegetales, el cual arrancó funciones con un estudio con el que se pretende identificar cuál es la metodología más conveniente para retardar la maduración de las frutas una vez se suben al contenedor para llegar a su destino final.

Este cluster tiene también otros proyectos orientados a mejorar la comercialización, para abaratar los costos de los fletes navieros y encontrar mejores precios al momento de comprar insumos como cartón, semillas y fertilizantes.

“Hemos entendido, que sin perder identidad y guardando las estrategias de cada una de nuestras empresas, unidos hacemos la fuerza”, recalcó.

De acuerdo con informes del Ministerio de Economía y Finanzas, el grupo de agroexportadores representa aproximadamente el 50% de la producción y exportación panameña de este rubro no tradicional, generando más de 750 empleos temporales de diciembre a mayo de este año.

Pero mientras el sector agroindustrial maneja como anillo al dedo los números que mueve su industria, otros segmentos como el de bunkering han formado sus conglomerados enfocados casualmente en descubrir su alcance.

En los últimos cinco años la industria del búnker ha invertido más de 20 millones de dólares. Pero sin reglas claras.

José Digerónimo, líder de este grupo, reconoce que la actividad enfrenta desventajas como la no refinación de petróleo en el país. Sin embargo, al ser el país un paso obligado de barcos, se puede hacer de Panamá un centro de despacho igualmente obligatorio de los buques que atraviesen la zanja canalera.

“ La idea es ver cómo se puede mejorar el uso de la infraestructura, que no está a su máxima capacidad por barreras como los largos tiempos de espera en los muelles”, dijo Digerónimo.

Francisco Gómez, por su parte, confía en que los estudios que se hagan en los clusters sirvan de guía para incrementar la mano de obra calificada a nivel técnico, pues su escasez ha mermado la capacidad de los reparadores de naves.

Este sector ha sido sostenible en el tiempo. El Canal de Panamá también garantiza que los barcos se reparen en el país, pero la ventaja no significa implícitamente que tienen un mercado garantizado. Deben ser competitivos y ofrecer más que sus rivales regionales.

Los clusters definitivamente están despegando. Ahora faltará esperar por lo menos año y medio para evaluar los resultados de los primeros.

Hay muchos sectores que han mostrado interés de participar en el proyecto. No obstante, no todos califican. Además, Compite Panamá tiene el enorme reto de seleccionar a los que realmente se vislumbran exitosos. Sin embargo, hay que aclarar que no se trata de clubes privados. Una vez el grupo, no menor de cinco empresas, forma el cluster, deja abierta la posibilidad de que otras empresas afines o complementarias se incluyan a la logia.
El dinero para financiar los proyectos no es mucho. ¿Cuál será la estrategia cuando el dinero se acabe? ¿Quién dará continuidad?

Todavía no existen las respuestas. Las autoridades tendrán que evaluar dónde se transferirá la base de datos y toda la asesoría técnica.

En estos momentos la Unidad de Políticas Públicas del Ministerio de Economía y Finanzas está por contratar una firma consultora que evaluará el impacto de lo que hace Compite Panamá.

Una vez se obtengan estos datos habrá elementos de juicio para saber qué tipo de colaboración pública o privada se aplicará. Mientras tanto, todos están tras la pista de los clusters.

Los pros y los contras

Compite Panamá se enfoca en cuatro sectores prioritarios que son: agroindustria, logística y transporte, tecnología de información y turismo.

Aunque hay diferentes conceptos de lo que significa un cluster, para el programa panameño es el grupo de empresas, entre cinco y 50, que compiten entre sí, pero que establecen cooperación en la cadena productiva, como en la compra-venta y la relación entre clientes y proveedores.

No son considerados clusters, gremios o asociaciones, entes públicos, conglomerados exclusivos, monopolios, oligopolios ni carteles.

Con los fondos de competitividad no se puede financiar adquisición de bienes, servicios de planilla, compra de bienes raíces, acciones o bonos, fusiones de empresas, costos operativos y honorarios, entre otros rubros.

Por otro lado, sí se puede financiar investigaciones de nuevos mercados, gastos de viaje de promoción, capacitación, adaptación de tecnología, diseño de sistemas de control de calidad y producción conjunta.

‘Clusters’ Empresariales

Nicolás A. Barletta
[email protected]

OPINIÓN | Un cluster es un conglomerado de empresas relacionadas con un tipo de actividad económica que se vinculan entre sí en procesos de compra venta o de cliente-proveedor o basados en un grupo común de clientes, a canales de distribución u otros factores similares.

Puede haber un cluster de productores de melón o de café, como también de pequeños hoteles de turismo. También puede haberlo entre agencias de viajes, operadores de turismo, restaurantes y comercios de artículos de turismo. En otras palabras, los clusters dentro de una actividad pueden ser horizontales o verticales y existen ciertas circunstancias que son necesarias para su efectivo funcionamiento como cluster: su cercanía geográfica, vinculaciones sostenibles y un potencial de crecimiento de acuerdo al mercado existente.

Las vinculaciones entre las empresas las pueden llevar a mejorar su productividad y competitividad, compartiendo tecnologías o gente capacitada, influyendo juntos para crear economías de escala, ya sea en la obtención de insumos de producción, ampliando sus mercados, accesando a mejores tecnologías o logrando mejores sistemas de transporte. Para productos exportables, el encadenamiento de funciones de suplidores de insumos a productores, procesadores, al transporte nacional e internacional y a los mercados logra establecer una línea de exportaciones duradera.

El cluster puede también ser un conglomerado de actividades mayores que son afines y puede estar conformado por sub-clusters. Todas esas actividades reciben demandas internacionales por sus servicios y crean demandas entre sí que aumentan su productividad.

 

 
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