Edicion N° 654 | 09 de noviembre de 2010
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informe central

Los beneficios de invertir en educación

Empresa

OSCAR CASTAÑO LLORENTE
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Oportunidad. Niños de la orquesta sinfónica de la escuela Nuestra Señora de Fátima de El Chorrillo. LA PRENSA/ Eduardo Grimaldo

El 17 de noviembre hay tregua en Curundú. En esa fecha se celebra su fiesta anual. Para garantizar la tranquilidad durante la conmemoración, tal vez como una pócima pasajera contra la violencia, se inicia la festividad con el recorrido de la banda musical de niños del Centro Educativo Marie Poussepin, situado en el corazón del corregimiento.

La orquesta infantil transita feliz y con inocencia por algunas de las calles más violentas del país al ritmo de tonadas típicas como Marcha Panamá, Colonia americana ¡No!, Patria... Según avanzan los pequeños, crecen los ánimos en las familias curundueñas que asoman sus caras y sus torsos por las ventanas de los edificios de 10 pisos y más.

Muchos otros se paran en las aceras y llegan a parecer los más alegres espectadores de un Carnaval y se sienten orgullosos de esa talentosa tropilla del tambor, la flauta, el requinto, la lira y los platillos.

Entre los chicos se encuentran los hermanos Richard (caja) y Kevin Levis (tenor), de 12 y 10 años de edad, estudiantes de séptimo y quinto grado e hijos del matrimonio compuesto por Yahaira Harding y Richard Levis, residentes de Curundú desde hace 20 años.

Los dos niños y su hermanita de kínder han encontrado una oportunidad de progreso porque el Banco Latinoamericano de Comercio Exterior (Bladex) apoya al Centro Educativo Marie Poussepin, que regenta una institución de 430 alumnos de Curundú. Bladex pertenece a la red formada por más de un centenar de empresas panameñas que vienen articulando sus programas de responsabilidad social empresarial (RSE).

Ya no se trata de acciones aisladas de filantropía, sino de una manera de hacer negocios que anuda los balances económicos, los impactos al
medio ambiente y el compromiso ante la sociedad, explica Teresa Alfaro, directora ejecutiva de Sumarse, máxima entidad de la RSE en Panamá. La institución agrupa a 86 empresas y 33 organizaciones no gubernamentales (ONG).

La  activista también señala que los ejes de la responsabilidad social corporativa son las buenas prácticas institucionales, la gobernabilidad de la empresa, el mercadeo honesto, la transparencia y el compromiso con la comunidad.

Con el tiempo los enunciados deben llegar a confluir como objetivos empresariales, y, según el consultor Daniel Mirabal, de la firma Tips, el proceso de consolidación tarda alrededor de 18 meses. Suele comenzar con un riguroso autoexamen sobre las prácticas dentro de una empresa, y continúa con la revisión de las formas de administración, la puesta en marcha de un mercadeo responsable y coherente con los servicios y productos que se ofrecen, y después la presentación de los balances al público.

Primero, la casa

El tramo final y definitivo ayuda a asegurar la sostenibilidad de la empresa, o sea su permanencia en el tiempo.

En ese estadio se participa con determinación en la superación de escollos de la sociedad, pero “antes se debió ordenar la casa”, dice Teresa Alfaro. Por eso, es una excelente señal de la responsabilidad social corporativa de Panamá que varias compañías realicen proyectos educativos, de salud o infraestructura, y en especial en las comunidades donde más generan impacto.

Quiere decir que la casa se encuentra limpia y en armonía y que ahora el turno le corresponde a la fachada.

El presente social empresarial lucha por reducir la deserción escolar latinoamericana, pues un 50% de los jóvenes de menos de 14 años abandonan la secundaria para llevar unas monedas a casa luego de una jornada en basurales, plantaciones, semáforos, y en casos extremos después de ejercer el delito o la prostitución.

Así lo asegura Bernardo Kliksberg, gurú mundial de la RSE y asesor principal de la dirección regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD.

Kliksberg dejó en claro en su visita a Panamá cómo la desigualdad social de Latinoamérica, “la más amplia del mundo”, se alimenta de la desocupación y la falta de educación.

Después de las mejoras registradas en los años anteriores a la crisis, el número de pobres latinoamericanos subió a 9 millones, y ahora son 189 millones. Y la indigencia ascendió de 71 millones a 76 millones de personas.

“Sin estudio se acentúa el atraso económico”, sentencia.

Panamá también padece la pandemia de la pobreza. El 57% de nuestros pobres tiene menos de 20 años y alcanza un total de 732 mil 339 personas.

La deserción escolar creció en 22% de 2005 a 2009, lo cual se ha traducido en la renuncia de 52 mil jóvenes al sistema educativo.

En este 2010 no trabajan ni estudian más de 125 mil panameños entre los quince y los veintinueve años. Y se pasó de tener 88 pandillas a 249.

Educación: inversión rentable

“Falta mucho por hacer, pero se debe reconocer el comienzo de la realización de programas educativos de iniciativa empresarial en concordancia con el Estado”, comenta Stanley Motta, presidente de Sumarse, que presenta los resultados del estudio Opinarse, el primero en medir la percepción nacional en RSE.

Tras la presentación, el empresario destaca los cambios de las funciones sociales de los sectores privado y público, porque “el primero puede apoyar al Estado, y a este le corresponde el esfuerzo de llevar a los estudiantes a las aulas de clase”.

Opinarse evaluó las impresiones de mil 213 panameños de todos los estratos sobre las áreas en que las empresas deben trabajar más a favor de la comunidad.

Los encuestados señalaron de manera prioritaria la atención a la pobreza, la educación y la formación de las personas, enfrentar el crimen y la seguridad, la salud, el medio ambiente.

Los participantes también evaluaron de manera positiva la gestión responsable de una compañía para solucionar las necesidades de su comunidad.
El esfuerzo vale la pena.

El público en general y los clientes en particular responden mejor ante las empresas que interpretan las carencias de una comunidad y que orientan sus esfuerzos a hallar soluciones.

“Las conductas de compra y de consumo de los encuestados por la firma Opinarse premian a las empresas que se comportan de manera socialmente responsable”, expresa Mercedes Eleta de Brenes, líder empresarial de Panamá y miembro directivo de Sumarse.

El sondeo no científico realizado en la página prensa.com atestigua cómo en el momento de comprar, los panameños empiezan a tener en cuenta las marcas comprometidas con los retos de la sociedad. En él participaron 542 personas, de las cuales el 23.80% contestó positivamente en relación con tener presente el tema de RSE marcas. En cambio,  413 participantes (76.20%) dijeron que no.

Los beneficios empresariales van más allá del incremento de las ventas y del consecuente aumento de las utilidades.

Una compañía vinculada de lleno al compromiso social alcanza un beneficio de compleja medición que, sin embargo, incide en el bienestar de los empleados.

Bernardo Kliksberg, del PNUD, habla de la conciliación de la vida familiar con el trabajo por parte del empleado, que además se siente muy importante al formar parte de proyectos de incidencia comunitaria.

“Son personas que llevan las buenas prácticas laborales al hogar y se desempeñan con un alto sentido de pertenencia”.

Teresa Alfaro agrega que difícilmente cambian de empleo aunque les ofrezcan más dólares. “Para ellos, primero la felicidad”, dice.

Formación profesional

Un caso de lealtad corporativa es Eliseo Pineda, indígena ngäbe buglé, de 26 años y graduado de técnico universitario en agronomía.

Perteneciente a una comunidad con casi ninguna oportunidad de desarrollo y situada en medio de la nada, Pineda logró su título gracias al respaldo de AES Changuinola, de Bocas del Toro, subsidiaria de la compañía energética del mismo nombre, cuya sede principal está en ciudad de Panamá.

AES en 2007 seleccionó a los estudiantes de secundaria de mejores capacidades y mayores deseos de salir adelante en la región, y desde entonces los apoya íntegramente en el estudio de una profesión, la realización de pasantías universitarias en la hidroeléctrica y la posterior vinculación mediante un contrato de trabajo.

“Eliseo trabaja con las comunidades vecinas y su labor ha sido de suma importancia para AES”, asegura Humberto  González, director de Asuntos Corporativos.

La ocupación de Eliseo, de mitigar el proceso de colonización en la región, le ha permitido a AES conocer las necesidades urgentes de los habitantes.

“El bienestar de ellos garantiza la sostenibilidad de nuestro negocio, porque somos y seremos vecinos durante décadas, quizás cinco o más”, explica González.

Las ONG han sido fundamentales en esta compleja red de oportunidades. El perfil humano de estas entidades las convierte en las más indicadas
para penetrar en lugares de profunda vulnerabilidad social.

Daniel Mirabal destaca de ellas la “versatilidad y agilidad para atravesar sucesivos cordones de miseria hasta acceder al núcleo”.

En la práctica, un buen prototipo es el proyecto Red Jaqué de la fundación Casa Taller. Instaurado en 1999 en el corregimiento de Jaqué, provincia de Darién, el programa ha contado con la participación de voluntarias, organismos internacionales (Unicef y AID), la Embajada de Canadá, consultores internacionales y artistas nacionales e internacionales.

El propósito consiste en fabricar papel reciclado con fibras naturales del tallo y de la hoja del banano y del tallo de la majagua.

Después de procesarse manualmente esta materia prima, se elaboran tarjetas, cajas, empaques, separadores de libros, carpetas para documentos, entre otros objetos que Casa Taller comercializa en ferias o adecua de acuerdo con las solicitudes de empresas que las utilizan como productos de mercadeo.

En la actualidad, Casa Taller trabaja en la isla Pedro González, ubicada en el Pacífico panameño.

Allí, la fundación adelanta gestiones para enseñar a los pobladores a encontrar oportunidades de trabajo que se derivarán de la construcción de un complejo hotelero de cinco y más estrellas.

Diana Gómez Concha, consultora de proyectos especiales e identidad corporativa, explica que los isleños han asimilado con expectación el levantamiento de una obra turística y por ello “se están capacitando para ofrecer atenciones complementarias al hotel que generará empleo y estabilidad económica”.

En el corregimiento de El Chorrillo de ciudad de Panamá sucede un fenómeno similar a los de Jaqué y la isla de Pedro González.

Sometidos a una delincuencia consuetudinaria que pocas veces se detiene, los chorrilleros rinden su respeto y admiración a la escuela de Nuestra Señora de Fátima, que canaliza los aportes del sector privado y las promesas gubernamentales en un programa educacional permanente, de 4 años de existencia hasta los grados de educación primaria y 350 estudiantes. La escuela ha formado una orquesta sinfónica con niños  no mayores de 10 años.

El director, Samuel Corrioto, desde hace dos años trabaja con estas promesas de la música. “Hasta hace un tiempo estos niños en vez de discutir se golpeaban y se infligían daños y heridas”, recuerda.

La música ha sensibilizado a los pequeños como grupo, de tal manera que entre ellos se generaron sólidos lazos de confraternidad y siempre están pendientes los unos de los otros. Parecen una cofradía de viejos amigos, “y lo mejor es que en sus casas han disminuido los actos de violencia”, cuenta.

La inseguridad acompaña la vida cotidiana de los latinoamericanos, asegura Bernardo Kliksberg. Ocurre lo mismo en ciudad de Panamá y algunos sectores de Colón. Prueba de ello son el espectacular aumento de la consumación de delitos en Tocumen, Pedregal, El Chorrillo, Curundú y algunas áreas de San Miguelito. Su erradicación solo se logrará mediante proyectos de inclusión social.

Pero ello será posible únicamente en el marco de un gran pacto social entre el Gobierno, la sociedad civil y las empresas socialmente responsables, “que permita enfrentar las causas estructurales del delito, con la generación de más oportunidades, más educación y el fortalecimiento de la familia”, concluye Kliksberg.

Por ahora, genera esperanza ese puñado de valientes músicos  que cada 17 de noviembre le dan la bienvenida a la fiesta de aniversario de Curundú, como pequeña señal de los efectos positivos de las políticas de  responsabilidad social empresarial en Panamá.

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