Edicion N 815 | 25 de febrero de 2014
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LA FÓRMULA BIODEGRADABLE



NEGOCIOS

Sherly Díaz
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PERSONAJE. José Alcides Pérez en su área de producción. Especial para La Prensa/Sandra  Rivera

En la comunidad de San Carlitos, en David, provincia de Chiriquí, vive el ingeniero químico José Alcides Pérez, quien luego de trabajar por años en el sector de alimentos, y de ser despedido, decide abrir su pequeña empresa.

La necesidad de  generar ingresos para mantener a su familia despertó su interés por crear una empresa que sirviera como sustento. No tenía ninguna experiencia empresarial, solo aquella que le había dado los 24 años de trabajo en varias compañías en la industria alimenticia.

Durante 10 años laboró en Lechería Unida, hoy Leche La Chiricana, como gerente de producción y calidad.  Posteriormente, llegó a Panamá para trabajar con  Bonlac, empresa donde laboró por cinco años.

De allí, se fue  a una fábrica de quesos kosher, pero debido a problemas con la producción de leche en el país, se regresó a Chiriquí.

En su tierra trabajó con Refrescos Nacionales, que años más tarde fue vendida, y luego de esta adquisición Pérez fue liquidado por la empresa. “La única forma de darle un sustento a mi familia era aplicar lo que sabía y había estudiado”, narra el emprendedor.

Con 17 mil dólares en el bolsillo, producto de su liquidación, le  comenta a su esposa Marta que ya no quería trabajar para nadie. Aunque se ganara tres reales, Pérez deseaba tener algo propio.

Es así como junto a su esposa comenzó a formar la empresa Químicos Biodegradables, que se dedica a la producción de químicos especializados amigables con el ambiente, y que sirven para lavar los equipos de ordeño y de lechería grado A.

El emprendedor cuenta que eligió enfocarse en este mercado porque es un producto que se requiere diariamente en las lecherías, y que es necesario para limpiar e higienizar todo el equipo luego de cada ordeño en las mañanas y tardes.

Pérez, de 53 años, explica que a diferencia de productos locales e importados, el suyo es biodegradable. “Me gustó desarrollarlo  porque preserva el ambiente y no es tóxico”, añade con orgullo.

Este es un negocio familiar, ya que su esposa Marta es la contadora de la empresa, y su hijo José lo ayuda en la producción de los químicos, y mientras él se encarga del desarrollo, distribución y trato con los clientes.

Su oferta incluye tres productos: uno es el detergente alcalino que sirve para remover la grasa y proteína luego del ordeño; el segundo es un removedor de la leche que evita que se incruste el calcio en las tuberías; y el tercero es un detergente en polvo sin olor.

Los precios son variados: 5 dólares cuesta el galón de detergente alcalino,  7 dólares el galón del removedor,  y un dólar con 25 centésimos la libra de jabón en polvo.

Asegura que lo novedoso de su producto es que es efectivo, limpia y desinfecta, y tiene un precio accesible.

“El productor ve los resultados de una vez”, agrega. El ingeniero químico enumera las cualidades de su producto: la dilución que se usa para lavar el equipo es biodegradable, de forma que no tiene residuos tóxicos, ni metales pesados ni provoca daño al ambiente ni al ser humano.

Inicio de prueba

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MERCANCÍA. José Alcides Pérez muestra parte de los productos biodegradables que él mismo creó. Especial para La Prensa/Sandra  Rivera

El camino no fue nada fácil para este emprendedor, ya que luego de su liquidación —en 2008— invirtió todo su dinero en el desarrollo de su producto y la distribución gratuita de la mercancía a sus potenciales clientes, sin obtener ningún tipo de ganancia.

Por casi tres meses, producía el químico, lo envasaba,  lo distribuía de David a Volcán, donde están ubicadas las lecherías.

Transcurrido esos primeros  meses, se le había agotado el dinero, uno u otro cliente le compraba, pero no lo suficiente para mantener el negocio. Sin embargo, “gracias a Dios” al cuarto mes empezaron a llegar más clientes luego de haber probado su producto.

Este emprendedor estima que actualmente vende entre 500 galones a 600 galones del detergente alcalino, 200 galones del removedor y entre mil 500 a 2 mil libras al mes de detergente. El producto está certificado por el Ministerio de Salud.

Estima que tiene una cartera de 120 clientes en la industria de alimentos, como lecherías, queserías, entre otros. No solo atiende a  clientes en Chiriquí, sino también en Aguadulce, Veraguas y Los Santos.

Su área de producción está ubicada en la parte trasera de su casa,  y poco a poco ha ido creciendo. Para ello, solicitó un préstamo de 3 mil dólares  a una entidad enfocada al negocio de microempresas, y le ayudaron luego de presentar su proyecto. “Tuvieron fe en mí y pude salir adelante”, explica.

El ingeniero químico asegura que cuando se trabaja para una empresa,  las personas se acostumbran a vivir de un salario, pero dice que hay que atreverse a dar el paso, de emprender una nueva aventura al crear su propio negocio.

Pérez se ha mantenido innovando, porque también creó calentadores de agua para la limpieza de las tuberías de ordeño de las plantas de leche, ubicadas en diferentes partes de Chiriquí. Asegura que a la fecha se han instalado 42.

Desde la provincia chiricana, Pérez agradece  a los agricultores que confiaron en su producto, que ahora son sus clientes,  y le dieron la oportunidad de entrar a este negocio que es muy cerrado.

El emprendedor químico fue el ganador como microempresa del año  en el sector industrial, en la sexta versión del Premio Microempresa para el Desarrollo –Premic 2013.

 

 
 
 
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