Edicion N 891 | 01 de septiembre de 2015
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‘TUTOREZ’, LA ‘STARTUP’ PANAMEÑA QUE LLEGA A SILICON VALLEY



TECNOLOGÍA

KATIUSKA HERNÁNDEZ
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Innovación. Vittorio Calcagno, Alejandra Lizarazu y Alejandro Carbonell son los cofundadores de Tutorez, una especie de ‘Uber educativo’ que te permite conseguir tutores para aprender de forma personalizada. LA PRESA/Luis García

Muchas personas tienen ideas y  proyectos, pero pocos los concretan. Algunos ni mencionan sus planes por temor a que se los copien o por mera superstición.

Alejandro Carbonell hizo  lo contrario: apenas   tuvo la oportunidad de participar en un programa para crear emprendimientos e iniciativas de tipo StartUp, comenzó a hablar de sus ideas, de sus planes, de sus inquietudes por crear una plataforma, una solución a un problema educativo.

“Participé en un evento de Cable Onda de 54 horas para crear  una  StartUp  propia y puse mi idea a prueba. De un total de 20 propuestas, la mía  salió ganadora. Aunque el concurso no implicaba el crear ya la empresa, allí supe que debía concretarla porque había tenido mucha aceptación”, recuerda Carbonell.

Cuando apenas cursaba la carrera de ingeniería industrial  dedicaba parte de su tiempo libre a dar clases independientes como tutor de matemática y de otras materias difíciles para unos y fáciles para él, como álgebra.

Esa necesidad de educación adicional  de muchos padres con sus hijos  encendió la creatividad de este panameño de 28 años, ingeniero industrial de profesión.  Con Alejandra Lizarazu y Vittorio Calcagno, de 28 y 29 años, fundaron  Tutorez, una plataforma tecnológica para  conectar padres con educadores dispuestos a  dar clases a domicilio. “Un  problema detectado es que las personas no saben dónde conseguir un tutor de confianza”, dice  Carbonell.

Confiesa que nunca tuvo miedo de perder el proyecto o que se lo quitaran terceras personas.  “Nadie te va a robar tu idea. Muchas personas dicen que tienen planes y proyectos, pero no lo dicen y tampoco los concretan. Gran parte de esos emprendimientos nunca se llevan a cabo por ese miedo. La única manera para que esos proyectos sean realidad es decirlos y hacerlos, que la gente les dé su opinión, que comiencen a desarrollarla”.

El proceso

Tutorez se convirtió  en el hijo tecnológico de tres emprendedores panameños. Ellos   apostaron por  una herramienta educativa fácil y confiable bajo la visión de la llamada economía colaborativa, en la que se une una necesidad y se comparten servicios.

El portal www.tutorez.com opera como una aplicación disponible  también  en las plataformas Android e IOs. Fue presentado  en marzo de este año y coincidió  con el inicio de clases.

Sus creadores reclutaron posibles tutores de materias como matemática, física, química y álgebra, y hoy en día tienen una lista  de  110 especializaciones o asignaturas que incluyen  oratoria, conocimientos bíblicos o   relaciones Estados Unidos–Panamá. La plataforma cuenta con más de 150 expertos en  múltiples asignaturas quienes  dictan clases por hora.

Es larga la lista de inscripción de  nuevos candidatos.  Curiosamente la materia que más tutores ofrece es matemática, con 65 personas dispuestas a explicar el complicado pero apasionante universo de los números y los cálculos.

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DEDICACIÓN. El equipo de Tutorez trabaja a contrarreloj para desarrollar el programa y aplicarlo en Estados Unidos.
LA PRENSA/Luis García

El perfil social y de redes en internet es clave para saber quién es quién en Tutorez. Alejandra Lizarazu, quien también es ingeniera industrial, explica que son muy cuidadosos y estrictos, por así decirlo, en la selección de los futuros tutores participantes en la plataforma.

“No a cualquiera se le confía la educación de un hijo. Vemos bien el perfil de la persona, no solo su hoja de vida, sino su identidad en las redes. Es muy importante el perfil digital que tenga la gente hoy en día en varias plataformas”, refiere Lizarazu, encargada de “meterle la lupa” a las personas. No se le escapa nada.

Tutorez encontró precisamente en el prestigio y en la confianza de los usuarios su principal manera de promoción. “Somos el primer filtro de los tutores, pero los usuarios, en este caso los padres, tienen la potestad de decidir a quién califican o descalifican. Ese es el momento de la verdad y los tutores reciben calificaciones y comentarios en sus perfiles dentro de la web”, destaca Carbonell.

El sistema es tan fácil como buscar el tutor de la especialidad, reservar el horario y pagar a través del sistema. No se maneja efectivo. “Es una especie de ‘Uber educativo”, ejemplifica Alejandro.

El modelo funciona bajo la comisión de un porcentaje de la reserva de la tutoría. Todas las horas cuestan 20 dólares. 

“Nuestra idea es que Tutorez se convierta en un lugar donde todo el mundo pueda enseñar o compartir su conocimiento sobre alguna materia o especialidad”, dice Carbonell.

El equipo literalmente se ha “amarrado las botas” y hace todo con el menor costo posible, y hasta el momento  ha invertido de sus recursos un aproximado de 5 mil dólares. “Estamos pivoteando, es decir, hacer que una empresa sea rentable lo más rápido posible. No estamos apalancados con ningún préstamo, es con nuestro propio dinero. La empresa desde el día uno comenzó a vender y a generar su propio dinero”, dice Carbonell.  

Llegar a Silicon Valley

La aventura para llegar a la llamada Meca  de la tecnología y la innovación en Silicon Valley, California, comenzó en la pasada Cumbre de las Américas.

Tutorez fue uno de los expositores en la exhibición del foro de la juventud,  escogidos por The Young Americas Business Trust para presentar la  plataforma.

El director de la incubadora californiana de emprendimientos y negocios  Devlabs, Rubén

Hernández, se interesó en el  proyecto y le formuló una invitación a sus creadores  para participar en  un programa de adiestramiento.

“Luego de varias entrevistas por skype nos llamaron para decirnos que nos admitieron. Lo que necesitábamos era comprar el boleto y  viajar a  Oakland para comenzar a probar el proyecto o, mejor dicho, estrellarnos contra la realidad del mercado estadounidense, en un programa de siete semanas”, cuenta Vittorio Calcagno, ingeniero de sistemas.

La expectativa era ofrecer la plataforma como un modelo de conexión educativa bajo la visión B2C es decir Business to Consumer, como un servicio directo al usuario. Pero la realidad fue otra. En un mercado tan grande y tan diverso como el de Estados Unidos, encontrar clientes y tutores era un trabajo titánico, por no decir casi imposible en caso de no tenerse   una inversión mayor.

“Nunca pudimos conseguir la cantidad de dinero para lograr reclutar la cantidad de tutores que tenemos en Panamá en siete semanas. Experimentamos  algunos cambios para el mercado de Estados Unidos y nos dimos cuenta de que la plataforma debía ofrecerse como un modelo para los colegios. Como un modelo B2B Business to Business. Logramos conseguir un colegio que probará el producto a partir de octubre”, precisa  Vittorio.

La experiencia de Devlabs les permitió contactar escuelas, directores, usuarios y hacer  conexiones hasta conseguir el primer cliente: una  escuela  y un programa de  tutorías que probará Tutorez.

El programa se presentará el primero de octubre en la Latino College Preparatory Academy (LCPA) que posee un programa de tutoría.  “Fue un tema de negociación, [de] cómo convencer a la escuela y al programa de tutores que ellos usan para que probaran esta plataforma y que eventualmente puedan pagar por el sistema. Logramos el cometido y ahora nos preparamos para ofrecerles el producto”, destacan Carbonell  y Vittorio, quienes pasaron siete semanas en Sillicon Valley literalmente “vendiendo” su idea.

El equipo se concentra en el desarrollo de la plataforma para Estados Unidos. Pedalean una dura contrarreloj de emprendimiento  con la asistencia de Devlabs, que envió programadores como Devon Wesley para mejorar el proceso interno del programa. Tienen el apoyo  y las  herramientas del Centro de Innovación de la Ciudad del Saber donde Tutorez  acaba de iniciar el proceso de aceleración. Allí está su sede física.

La aventura para esta StartUp panameña apenas comienza. El proyecto es ya un hecho nacional, y ahora apunta a su internacionalización. En Estados Unidos espera conseguir otros clientes, concretar acuerdos y negocios y replicarlo en otros países de América Latina.

 

 
 
 
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