Edicion N 931 | 21 de junio de 2016
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LA TIMONEL DE UNA OBRA PARA LA HISTORIA



Ilya Espino de Marotta

Yolanda Sandoval
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LA PRENSA/Eric Batista

La  vía acuática es el hogar de Ilya Espino de Marotta. Es la líder y turbina  del proyecto de ingeniería más importante del hemisferio y el  de mayor impacto del comercio marítimo mundial.    Ha pasado más de la mitad de su vida en las entrañas del Canal.

Es la  mujer que ha ocupado el puesto de más alto rango en los 102 años de historia canalera.

De temple  tenaz e incansable, Espino de Marotta es uno de esos personajes que ha  roto, con el pulso de su trabajo y  su   currículum  académico, el techo de cristal  o la limitación    del ascenso laboral de las mujeres al interior de las organizaciones.

  Simboliza a  cientos de mujeres que trabajan en la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) y a las  que  formaron parte de la masa laboral a cargo de la  expansión de la vía.

  Su llegada a la vicepresidencia ejecutiva de Ingeniería y Programa de Gestión de la Ampliación del Canal no fue casual ni accidental.  Cuando sus colegas   hablan de ella, se refieren a la “ingeniera” con un tono de confianza y respeto, como quien habla de un compañero  del que se sienten orgullosos porque ahora es el jefe.

La revista  Forbes la ‘listó’ entre las “50 mujeres más poderosas de Centroamérica” en  2014. Dos años más tarde y a días de inaugurarse la ampliación del Canal de Panamá, Espino de Marotta se mueve al paso de un triatleta para ultimar detalles.

Su teléfono celular  suena con frecuencia. La llamada de un compañero la alerta de una instalación que no se ha hecho en la torre de control de las nuevas esclusas en el sector Atlántico.

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LA PRENSA/Eric Batista

Sube ocho pisos como una alpinista. No se detiene, y  cuando llega a la cúspide del centro de operaciones de la esclusa de Cocolí, en el Pacífico, reposa y nuevamente atiende una llamada. Se maquilla   en cuclillas y,   en menos de un minuto, está lista para una sesión de fotos.

 Aquel momento refleja la seguridad con la que se mueve  la jefa de la ampliación  en su territorio. Es una mujer descomplicada, conciliadora  y  todoterreno. Tiene alma guerrera.

 En la cúspide de su carrera, su hijo y su esposo fueron diagnosticados  con cáncer, algo que Espino de Marotta  y su familia superaron con valentía, gracias al apoyo  de amigos y compañeros de trabajo. Recuerda que recibió aceites y agua bendita de varios países, que luego ungió en las esclusas del Canal. “Dios, si me ayudaste con ellos, ayúdame con el proyecto”, pidió en pleno programa de expansión.

Estas características, más allá de su hoja de vida profesional, le han valido para llevar las riendas  del proyecto de mayor relevancia para el país.

 Sus decisiones,  además de analíticas,  deben ser oportunas.   Seguir la pista a los trabajos de campo es tan importante como velar para q    ue se ejecuten  y supervisen  los contratos de construcción del Canal de Panamá. 

   Hasta la fecha,   Espino de Marotta está contenta. Más bien, “feliz”, lo admite con  sonrisa amplia.  Ha  entregado los últimos  años de su vida al programa  de ampliación desde  diferentes trincheras, hasta convertirse en  2012  en  la timonel de una obra que  fue pactada a un precio de $5 mil 250 millones y cuya importancia va   más allá de su valor. Representa la esperanza de un país que le apuesta a mejores días y que ve en el Canal el vehículo para resolver  los problemas sociales que le siguen aquejando, pese a crecer ininterrumpidamente por los últimos años.  

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Para el cargo que ocupa, Espino de Marotta fue recomendada por el actual administrador Jorge Luis Quijano, validada por el  saliente Alberto Alemán Zubieta y ratificada por la junta directiva del Canal. LA PRENSA/ Eric Batista

 Ella tiene 30 años de carrera en la vía interoceánica, de allí que muchos la recuerdan como la chica que  en la década de 1980 llegó como técnico de ingeniería a Colón. 

 Por esas tierras  trabajó durante   cuatro años. Se remonta a  sus idas a la costa atlántica a  través  del antiguo ferrocarril, “pero el tren dejó de funcionar, así que me tocó manejar”.

 Estudió  ingeniería marina en Texas A & M University,  así que el Canal  era el  escenario perfecto para crecer profesionalmente. Ha sido incansable en sus postulaciones a  nuevos cargos y   retos desafiantes, algo que sin planearlo le allanó el camino para ser uno de  los pilares de las operaciones del Canal.    

“En la División de Ingeniería se  veían  todas las embarcaciones y equipo flotante del Canal. Se les daba mantenimiento en el astillero. Era  muy interesante, porque yo diseñaba en la oficina e iba al taller y veía ese concepto construido”.

Más tarde, trabajó en la División de Dragados,  también en  Ingeniería Mecánica y  aplicó a una posición como ingeniera de avalúos en  el Departamento de Contabilidad. Logró el ascenso y, para esos días, veía todas las programaciones para definir la inversión, la vida útil y la depreciación de los equipos.  “Aprendí muchísimo del Canal y de  finanzas”.

Fungió también como coordinadora del programa de inversiones del Departamento de Operaciones Marítimas y por tres meses fue jefa de remolcadores. Y estaba por  volar más alto.

En 2002, Ricaurte Catín Vásquez, el entonces subadministrador del Canal,  le propone formar parte de un  grupo élite que  desarrollaría el plan maestro y la ampliación del Canal.   

Así, Espino de Marotta  vio la ampliación desde sus momentos de boceto.  Trabajó    en más de 120 estudios con un  equipo de  no más de 8 compañeros que a su vez dependían de   todas las divisiones del Canal para presentar  la propuesta de ampliación.

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Y cuando ya estaba lista  aquella propuesta,  para ese momento el administrador Alberto  Alemán  Zubieta creó  una oficina de desarrollo de proyectos que se encargaría de darle  forma y estructura  a la obra.

El ingeniero  Jorge Luis  Quijano sería el  capitán de aquella división, luego de que los panameños aprobaron  la expansión de la ruta en las urnas a través de un referéndum  el 22 de octubre de 2006.

Espino de Marotta le acompañaría en el gran reto, sin siquiera intuir que en 2012 Quijano sería designado como administrador del Canal, en reemplazo de Alemán, y ella   la elegida para tomar las riendas de la ampliación.

“Han sido nueve años de ejecución de obra, que no se sienten porque ha sido una etapa maravillosa de aprendizaje, pero es  hora de que se culmine”, dice quien se inmortalizará en la historia del país por la envergadura de su cargo. El momento más duro en este recorrido para Espino de Marotta, y tal vez para todos en el Canal, fue cuando el  consorcio encargado de la construcción del tercer juego de esclusas paralizó la obra en 2014.

 El 14 de febrero de ese año, Quijano  reveló   que Grupo Unidos por el Canal (GUPC)  había  dado instrucciones a sus empleados y contratistas para paralizar por completo en el Atlántico y en el Pacífico el principal proyecto de la ampliación del Canal de Panamá, debido a los problemas de insolvencia que aducía el  consorcio, que   además alegaba sobrecostos en la obra por mil 600 millones de dólares. 

  Espino de Marotta  acompañó a Quijano, vestida de blanco con negro,  en la conferencia de prensa cuando se dio el anuncio. Lució cabizbaja.

Reconoce ahora que ese ha sido el momento más difícil. “Todos los días hay un problema que resolver, pero ves que la obra avanza y sabes que el sacrificio vale la pena. En cambio, cuando íbamos al campo y no veíamos  a nadie, eso era impactante”.

Más adelante se da un proceso de negociación de tres  meses, que dio lugar a la reactivación de la obra. “Ese verano nunca se me olvidará. Fueron negociaciones intensas y allí es cuando uno se da cuenta de qué está hecha la gente”.

 Para Espino de Marotta,  los  reclamos no dejan de ser  un sinsabor, “pero si el contratista cree que tiene méritos para presentarlos, entonces debe hacerlo”, indicó.  “No puedo decir que no metan los reclamos. Que están inflados, sí lo están.  Las cifras son absurdas. De $933 millones atendidos en diferentes instancias,  solo le  han  reconocido $324 millones. Y con todo eso estamos en desacuerdo y vamos a ir a arbitraje”, dijo la líder de la megaobra que el país verá  funcionar en  cinco días.

LA TIMONEL DE UNA OBRA PARA LA HISTORIA

 

 
 
 
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